Siglo XIX
El concepto de "opinión pública" surge como resultado de las transformaciones sociales, políticas y económicas que se dieron a lo largo del siglo XVIII y XIX, marcadas principalmente por la Ilustración, la Revolución Industrial y las revoluciones políticas como la Revolución Francesa. Durante estos siglos, las ideas de la Ilustración jugaron un papel crucial al promover la razón, el pensamiento crítico y el cuestionamiento de las autoridades tradicionales, como la Iglesia y la monarquía. La opinión pública comenzó a tomar forma como un concepto colectivo que reflejaba las creencias y actitudes de un grupo social informado y crítico.
En este contexto, la opinión pública se convirtió en un factor esencial en la toma de decisiones políticas, especialmente en las sociedades que transitaban hacia sistemas más democráticos. El surgimiento de una clase media educada y la difusión del conocimiento a través de la imprenta y otros medios de comunicación emergentes, como la prensa y más tarde la radio, jugaron un papel fundamental en la formación de la opinión pública.
Karl Marx y Friedrich Engels fueron críticos de la opinión pública tal como se concebía en su época. Para Marx, la opinión pública era vista como una construcción ideológica de la clase dominante, una forma de manipulación que perpetuaba las desigualdades de clase. Según su análisis, lo que se consideraba "opinión pública" era, en realidad, la opinión de la clase dominante, que utilizaba la superestructura ideológica (medios de comunicación, religión, educación, etc.) para mantener su control sobre la sociedad. En este sentido, Marx cuestionaba la noción de una opinión pública única y objetiva, argumentando que estaba profundamente influenciada por los intereses de quienes controlaban los medios de producción y difusión de ideas.

Por otro lado, pensadores liberales como Alexis de Tocqueville y Walter Lippmann contribuyeron al desarrollo del concepto de opinión pública desde una perspectiva diferente. Tocqueville, en su obra "La democracia en América", exploró cómo la opinión pública se convirtió en una fuerza poderosa en la democracia estadounidense, capaz de influir en la política y en la toma de decisiones. Para Tocqueville, la opinión pública era un reflejo de la voluntad popular, aunque también reconocía sus peligros, como la tiranía de la mayoría.
Walter Lippmann, a principios del siglo XX, profundizó en la relación entre la opinión pública y los medios de comunicación. En su obra "Public Opinion", Lippmann argumentó que la opinión pública era moldeada en gran medida por los medios, que simplificaban la complejidad del mundo en estereotipos y narrativas fáciles de entender, pero que a menudo distorsionaban la realidad. Esto planteaba un desafío para la democracia, ya que la opinión pública podía ser manipulada y dirigida por aquellos que controlaban los medios de comunicación.
Durante los siglos XVIII y XIX, los principales escenarios de poder incluían las instituciones políticas, como los parlamentos y las monarquías, así como las iglesias y las academias científicas. Sin embargo, con la Revolución Industrial y el avance del capitalismo, surgieron nuevos centros de poder: los medios de comunicación y las organizaciones empresariales. La prensa, en particular, se convirtió en un poderoso instrumento de influencia, capaz de formar y movilizar la opinión pública. Los cafés y salones también se convirtieron en lugares clave donde la burguesía discutía y debatía temas políticos, sociales y económicos, contribuyendo al desarrollo de una esfera pública crítica.
El principal aprendizaje de esta época en relación con la opinión pública es la comprensión de que esta no es un concepto estático ni neutral, sino que está profundamente influenciada por el contexto social, político y económico. La opinión pública puede ser un motor de cambio social y político, como se vio en las revoluciones y movimientos de independencia, pero también puede ser manipulada por quienes controlan los medios de comunicación y la producción de ideas.
Este periodo histórico nos enseña que la formación de la opinión pública está inextricablemente ligada al acceso a la información y a la capacidad de los ciudadanos de participar en un debate crítico e informado. La democratización de los medios de comunicación y la educación son esenciales para una opinión pública que verdaderamente refleje la voluntad popular y no solo los intereses de una élite dominante. Así, el concepto de opinión pública, desde su surgimiento, ha sido tanto un reflejo de la lucha por la libertad y la justicia como un campo de batalla ideológico donde se enfrentan diferentes visiones del mundo.